Desde la ventana

7 octubre, 2008

Lo de estar en tierra de nadie sigue siendo fuente de peculiaridades. Formamos parte de un bloque de vecinos y mi ventana da al patio. Siempre había estado en dependencias puramente administrativas y se me hace raro trabajar con los detalles cotidianos de un patio de vecinos: el olor a albondigas caseras, las voces de las madres llamando a sus hijos, etc. Así que quiero aprovechar la ocasión para saludar afectuosamente a la señora mayor que se me queda mirando cuando tiende la ropa. Nuestras miradas se han cruzado más de una vez; ella cuelga en el tendedero los calzoncillos de su marido mientras yo me peleo con la burrocracia administrativa; ambos estamos atrapados en extraños giros del destino, bromas de mal gusto que nos gasta la vida; por eso siento un vínculo especial con ella y desde aquí le mando un abrazo a la par que le recuerdo que ya va siendo hora de regar el ficus, que tiene las hojas amarillas.

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