La he robado del water

29 septiembre, 2008

SÍ, ¿Y QUÉ? …

Dado que una simple papelera adquiere, en mi microcosmos administrativo, la categoría de bien de lujo, posicionándose a la misma altura que el caviar, la langosta o el Dom Perignon; sin pudor alguno, embuído por un halo de valentía propia de quien ha perdido la razón, he sustraído este santo grial administrativo para ponerlo cerca de mi mesa.

Lo malo, es que la papelera cumplía la vital función de evitar tirar objetos que pudieran atrancar el water. Así que, gracias a mi hurto, es probable que algún día se produzca una obstrucción que provoque que salgamos nadando en mierda.

Pero a estas alturas, sinceramente, me importa un bledo.


Llámame (si puedes)

21 septiembre, 2008

El disponer de un teléfono con el que poder llamar y no ser llamado, para muchos sería equiparable a un don divino o un superpoder. Y es que debido a lo de estar en Tierra de Nadie, resulta que estamos fuera de la red corporativa de teléfonos y tenemos esta particularidad. Dado que el acceso a teléfonos fuera de dicha red suele estar resringido, podemos llamar y no ser llamados.

Sin embargo, yo que soy un bohemio y voy al revés del mundo, esto me resulta incómodo. Muchas gestiones requiren llamadas por parte de otros para poder solucionarlas y aquí es donde estoy jodido. Evidentemente este problema también lo tienen los demás compañeros de la sede, así que se ha resuelto asignando móviles de red corporativa. ¿Y a que no saben quién es el único de todo el edificio que se ha quedado sin móvil corporativo?. . . Una pista: es el que lleva la carrera administrativa más surrealista.


Tengo sed

3 septiembre, 2008

 

Una de las ventajas de mi nueva ubicación es que no hay agua potable. Ésta viene acompañada de unas encantadoras virutas de metal, de modo que el que la beba, en su momento All Bran puede llegar a plantar un pino que ni el mismísimo Iron Man. Así que, llámenme delicado, pero yo no bebo. Y es que no hay nada más agradable que no tener agua en verano y poder hacer gala de una boca reseca y pastosa.

Los compañeros optan por comprar agua del supermercado, pero las altas temperaturas veraniegas hacen que se caliente rápido, convirtiendo el líquido elemento en un formidable laxante, como demuestran sus frecuentes visitas al WC, para mayor gloria de las pituitarias más delicadas.

Pero lo mejor de todo, es que esto no es puntual, viene ya de lejos en el tiempo y seguirá en el futuro como consecuencia de estar en unas dependencias que están en tierra de nadie (como ya explique aquí), lo que implica que la Adminstración está reacia a hacer cualquier tipo de obra o arreglo, de modo que permaneceré inmutable en mi puesto, cual cactus; pero no se extrañen si en los días de lluvia ven  funcionarios sacando la cabeza por la ventana con la esperanza de mitigar su sed.