Abejas

30 abril, 2008

La llegada de un tiempo más caluroso y la ubicación de mi sede administrativa a las afueras, en mitad de la nada, ha provocado el despertar de la fauna que pulula por aquí, como ya sabrán por posts anteriores. Así que, si en el anterior despacho hubo avispas, ahora toca abejas.

Tenemos la costumbre de dejar una pequeña rajita abierta en la ventana a la hora de irnos para que se ventile el zulo administrativo en el que estamos atrapados. Pues bien, hoy nos han pedido que cerremos, pues unas pizpiretas abejas no han tenido mejor cosa que hacer que construir un panal cerca de nuestra ventana, y con el frío de la noche entran y se propagan por el edificio. Me da por hablar con el ordenanza sobre cómo solucionar problema; me mira como un hombre rudo de campo mira a una maricona de ciudad y dice: “Eso, a primera hora, se coge con la mano y luego le das un pisotón, porque con el fresco no hacen nada”. Yo me doy a valer y pongo cara de “¿cómo no he caído antes?, lo haré un día de estos”, pero la verdad es que esto de coger panales como si fueran tomates no me cuadra, si Dios les dio aguijón sería por algo, digo yo; aunque quizás me vea obligado a hacerlo por la peste y asfixia que pueden derivar de tener la ventana cerrada todo el rato. En tal caso, demostraré mi hombría untándome el panal por el pecho como si fuera Vicks Vaporup, e incluso por otras partes del cuerpo, pues tengo entendido que la jalea real es extraordinaria.   


Esto es lo que hay

25 abril, 2008

El amiguete Ozé me suelta en toda la cara un bofetón de sórdida realidad administrativa. Se trata de una noticia que refleja como un funcionario de correos ha sido ubicado en el water por falta de espacio. En estos tiempos de administración eléctronica y modernización, en los que HAL9000 es superado ampliamente por el Pentium 4; esto es lo que hay.

La situación es de tal grandeza, que merece que nos dentegamos un momento a escenificarla en nuestra cabeza. Ese funcionario sentado en la taza, como un rey en su trono, con la escobilla en una mano y los expedientes en la otra, consciente del honor que supone tener la ventaja de poder trabajar a la par que defecar. Esto es el sumun de la elegancia y el saber estar. Loados sean los altos cargos por tan genial idea.

¿Y qué me dicen de los ciudadanos?. Nunca las palabras “servicio público” tuvieron una dimensión tan apropiada. Siempre se ha buscado la cercanía con el administrado y ¿acaso hay algo más íntimo y cercano que compartir el momento fecal?. El ciudadano saldrá admirado ante esta oda al buen gusto y máxima expresión del macgyverismo, pues esta curiosa mezcla de conceptos: fecalidad y Administración, water y trabajo, mierda y expedientes, orines y trámites, …. aporta un toque naíf a nuestra siempre innovadora Administración.

Por último, sólo resta rendir fervoroso homenaje a dos colectivos: por un lado están los jefes y jefecillos que saben bien como motivar al personal (a cometer asesinatos), escupiendo sobre ese extraño y desconocido concepto para ellos que es la dignidad del trabajador, por otro lado, pido un responso para los sindicatos, por demostrar que están más muertos que nunca.


El pendrive

17 abril, 2008

Acompaño al nuevo informático y su inseparable mochila a un despacho para que instale unos parches de seguridad. Hasta aquí todo normal, aunque conviene precisar que el informático gozaba de una envidiable combinación de catarro y alergia.

Una vez llegamos a nuestro destino, el informático urga en los bolsillos de su mochila. Está recién llegado, quiere causar buena impresión y se pone algo nervioso buscando el pendrive donde está el software que necesitamos; palpa con la mano en el interior de la mochila, nota algo pequeño y rectangular. “Lo encontré”, dice aliviado, lo saca y aparece lo que veis en la foto …. (Nota aclaratoria: se trata de un librillo de papel de fumar, habitualmente utilizado para liar cigarros de la risa).

Dado que la reinserción del descarriado es una máxima a tener en cuenta, la cosa no llegó a mayores; con la firme esperanza de que un día de estos el informático no se acabe fumando por despiste el verdadero pendrive.


El funcionario sin lágrimas

1 abril, 2008

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Desde que estamos en la nueva ubicación, se da el símpático hecho de que mi compañero y yo tenemos los ojos inyectados en sangre como si nos hubiéramos fumado cuatro porros seguidos, lo que realza, sin lugar a dudas, nuestra imagen ante ciudadanos y compañeros. La cosa ha evolucionado a mejor, y a mi compi le salen multitud de lagañas y yo tengo siempre la agradable sensación de tener algo metido en el ojo. Por gusto, he ido al oculista y el veredicto ha sido sequedad ocular por trabajar con ordenadores en ambiente mal ventilado. En definitiva, no tengo lágrimas y las tengo que comprar de mentira en la farmacia mientras trabaje aquí, pues lo mío incluso ha degenerado en una placentera inflamación ocular.

Y  es que en la nueva Administración del siglo XXI  no tienen  cabida los funcionarios  lloricas  y nenazas, lo que hace falta es personal que escupa en la cara al dolor, que mastique cristales, use lija como papel higiénico y se fume la Ley de Prevención de Riesgos Laborales; así que al Boletín Oficial pongo por testigo, de que jamás derramaré lágrima alguna en el ejercicio de mis funciones.