El inframundo

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En el listín telefónico de los trabajadores de las dependencias figura la palabra sótano al lado del nombre de no pocos afortunados. Y el otro día, por fin, tuve la oportunidad de entrar en tan fascinante submundo, pues debía ir a resolver una gestión con un compañero.

Un cartel en la entrada a las profundidades, avisando que la altura máxima es de 1,73 cm, me daba la bienvenida. Iba solo, encorvado, con las tuberías del techo peinando mi cabello. No tardé en perderme, pues se trata de una extensa y enmarañada red de pasillos, algunos de los cuales llevan a zonas muertas. Empecé a ponerme nervioso, sintiéndome como uno de los protagonistas de la película Tesis y también como Frodo en las entrañas de Mordor, a la espera de que me saliera algún orco. Finalmente, tuve la suerte de encontrar a un encorvado funcionario de piel blanquecina y ojos diminutos que me llevó a mi destino. Efectivamente, había compañeros cuyo puesto de trabajo, al que acuden día tras día, se ubicaba ahí, en el inframundo.

Quizás, con el tiempo, estos funcionarios involucionen y su organismo se adapte a la vida en el sótano, sin luz del día ni aire fresco, dando lugar a una especie de subrraza, como los morlocks de H.G. Wells. Serán jorobados, ciegos, de piel blanquecina y se alimentarán de despistados ciudadanos que se adentren en sus dominios en busca de una compulsa.

Como creo que estos compañeros andan faltos de papel higiénico, he decidido llevarles el tocho de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales para que le den práctica utilidad.

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7 Responses to El inframundo

  1. Jorge dice:

    Seguramente ha de ser muy fiero que te manden castigado para ese ámbito de morlocks. ¿que no?….

  2. Jarto dice:

    Pues lo estuve comentando con el que me encontré en el pasillo y lo llevan con bastante resignación. Me sorprendió su desgana por quejarse y solicitar un sitio digno. No se quieren complicar la vida.

  3. EStuve trabajando hace ya mucho tiempo en una oficina que era un almacén. Para entrar al sótano había que entrar agachado. La luz era sólo de una bombilla de cuarenta watios. Allí ubicaban el archivo. Para buscar informes o expedientes había que agacharse todavía un poco más puesto que era todavía más bajo. Si permanecías allí un buen rato luego era bastante difícil recuperar la verticalidad.

  4. Jarto dice:

    Espero Luis que no te hayas quedado como una alcayata humana.

  5. Retrasado SF dice:

    A mi me tuvieron que limar varios centímetros mis extremidades para que cupiera en mi cubículo.
    Aún así soy feliz. Viva Pulgarcito.

  6. shikilla dice:

    Qué miedo! lo mismo hasta hay ratas. Me cabe la alegría de que si me mandan a un sitio así, al menos no tendré que encorvarme, mido menos de 1,73.

    Has hecho bien llevándoles el tocho, hice un curso de prevención de riesgos y parece ser por lo que dices que se la pasan por el arco del triunfo, y mira que nos dieron el coñazo con la luz, la horizontalidad de las muñecas y la verticalidad de la espalda apoyadita en el respaldo de la superbutaca que nos describieron como la panacea para todos los dolores lumbares y demás. Jo!, me siento fatal teniéndola, sabiendo que algunos trabajan en lúgubres sótanos cual escribanos apartados del mundanal ruido.

    Feliz año, Jarto, aunque estemos ya casi a mediados de enero.

  7. Jarto dice:

    Feliz año para ti también Shiki. Aunque midas menos de 1,73, ahí no podrías llevar taconazos ni hacerte la permanente.

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