El inframundo

18 diciembre, 2007

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En el listín telefónico de los trabajadores de las dependencias figura la palabra sótano al lado del nombre de no pocos afortunados. Y el otro día, por fin, tuve la oportunidad de entrar en tan fascinante submundo, pues debía ir a resolver una gestión con un compañero.

Un cartel en la entrada a las profundidades, avisando que la altura máxima es de 1,73 cm, me daba la bienvenida. Iba solo, encorvado, con las tuberías del techo peinando mi cabello. No tardé en perderme, pues se trata de una extensa y enmarañada red de pasillos, algunos de los cuales llevan a zonas muertas. Empecé a ponerme nervioso, sintiéndome como uno de los protagonistas de la película Tesis y también como Frodo en las entrañas de Mordor, a la espera de que me saliera algún orco. Finalmente, tuve la suerte de encontrar a un encorvado funcionario de piel blanquecina y ojos diminutos que me llevó a mi destino. Efectivamente, había compañeros cuyo puesto de trabajo, al que acuden día tras día, se ubicaba ahí, en el inframundo.

Quizás, con el tiempo, estos funcionarios involucionen y su organismo se adapte a la vida en el sótano, sin luz del día ni aire fresco, dando lugar a una especie de subrraza, como los morlocks de H.G. Wells. Serán jorobados, ciegos, de piel blanquecina y se alimentarán de despistados ciudadanos que se adentren en sus dominios en busca de una compulsa.

Como creo que estos compañeros andan faltos de papel higiénico, he decidido llevarles el tocho de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales para que le den práctica utilidad.


Decoración navideña

14 diciembre, 2007

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Esto es lo más parecido que tenemos a decoración navideña. Nótese la elegancia, porte y distinción que emana del elemento decorativo y su clara relación con la Navidad. Y es que el otro día comentaba con el informático la ausencia de motivos navideños en la oficina y dado que es amiguete decidió ayudarme a resolver esta inquietud.

El resultado salta a la vista; la decisión no pudo ser más acertada. Ni Belén, ni árbol; eso está ya muy visto. Se plantó con lo veis en la foto, lo puso en la pared y se quedó tan fresco. En espíritu navideño no nos gana nadie.


No lo moverán

4 diciembre, 2007

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Hace unas semanas comentaba  que a su vez, hacía semanas, que un rack (armario para conexiones informáticas) de considerables dimensiones permanecía inmutable, a la espera de echar raíces en el porche de mis dependencias. Pues bien, algo ha cambiado. Dado que el rack está a la intemperie, el viento, la lluvia y el frío han dado pie a que se adopte una decisión salomónica, propia de una mente privilegiada: … ¿quitar el rack de ahí y ponerlo en el sitio para el que está destinado? ¡NO!. Esto es la Administración y semejante idea sólo puede ocurrírsele a un funcionario que esté mal de la cabeza como yo.

Afortunadamente, hay quien cobra un buen sueldo por solucionar problemas de semejante complejidad, una especie de Señor Lobo de Pulp Fiction pero en versión administrativa. Así las cosas, la solución de semejante portento de sabiduría ha sido: tachán, tachán  … “envolver en plásticos el rack”;  con esto conseguimos el doble objetivo de que no sufra las inclemencias del tiempo invernal, a la par que sigue permaneciendo inmutable al lado de la puerta de la calle.