Ahí está viendo pasar el tiempo…

29 julio, 2007

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Estaba ahí antes que yo y que todos los que estamos en el departamento. Ocupa casi una mesa entera y está rota. Sigue y seguirá imperturbable e inmutable durante eones de tiempo hasta fosilizarse en piedra, y yo tuve la desfachatez de proponer arreglarla o tirarla. ¡BLASFEMIA!.

Ahora me doy cuenta de mi error, he insultado al totem sagrado del dios de la inutilidad, por eso, como muestra de arrepentimiento, me autoinmolo a morir de asco y desesperación para mayor gloria del dios. Amén.  


Alegría de verano 3: pestazo a sudor

17 julio, 2007

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El ser humano es una máquina compleja llena de virtudes y defectos. Entre éstos últimos encontramos la curiosa particularidad de que ante el calor segregamos sudor. Dicho sudor, por razones varias, suele tener un olor desagradable, salvo honrosas excepciones, como es mi caso, que huele jazmín. Sin embargo, mis compañeros carecen de este don y dado el calor intenso que venimos sufriendo, flota en el ambiente un aroma mezcla de olor a muerto y vinagre que hace muy llevaderas las mañanas, de hecho, adjunto foto instantes antes de graparme la nariz. Me ha dolido un poco, pero ahora mi vida es mejor. 


Alegría de verano 2: nada como un buen trago de agua caliente

10 julio, 2007

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Si la máquina de aire acondicionado tiene asma y apenas enfría (ver post anterior), ahora resulta que la fuente tiene fiebre. Así que sales asfixiado de la oficina en busca de algo que te refresque, vas a la fuente, y para alegría y júbilo de los que allí trabajamos resulta que sale a temperatura de pis. ¡Que gozo para el paladar!. Tus intestinos protestan con retortijones, como diciendo “¿estás gilipollas, qué haces bebiendo eso con el calor que hace?”, pero tú no quieres morir deshidratado. No quepo en mí de entusiasmo al saber que cojo las vacaciones hacia el final del verano y que voy a poder disfrutar plenamente de la ola de calor con los medios que la Administración pone a mi disposición.


Alegría de verano: la máquina del aire tiene asma

6 julio, 2007

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Leo en la prensa que éste va a ser el segundo verano más caluroso de los últimos 150 años. Semejante acontecimiento lo voy a recordar de por vida, y es que la fortuna ha querido que mi departamento tenga una máquina de aire acondicionado que pronto será cedida al Museo del Patrimonio Histórico, ya que dada su antigüedad puede que fuese la primera que hubo en el país. Sus gigantes dimensiones contrastan con su potencia; en una escala de valor podríamos situarla en el nivel “soplido de gorrión”.

Además, un compañero tuvo la genial idea de cerrar puertas y ventanas porque, según él, así sí íbamos a notar el grácil frescor que emanaba de la máquina. Efectivamente, eso se convirtió en una sauna y ante mi amenaza de trabajar en calzoncillos se volvieron a abrir ventanas y puerta. 

Que pena que sólo haya pillado el segundo año más caluroso y no el primero de los 150 años, quizás lo consiga el año que viene con la suerte tan cojonuda que tengo. 


Entrada triunfal

5 julio, 2007

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No quería desaprovechar la ocasión de comentar mi llegada al nuevo destino.

Como dijo Julio Cesar tras aprobar unas oposiciones “llegué, vi y me deprimí”. Adjunto foto de mi puesto de trabajo durante los primeros días. Se compone de suelo para pisar y aire para respirar. Este alarde de generosidad responde a la gran capacidad planificadora y organizativa  de la Administración, que no había previsto mi llegada; se conoce que soy un don nadie en el sentido más literal de la palabra.

Sentado en una silla rota que había en una esquina, tras recoger el alma, que se me había caído al suelo, llegué a una alegre conclusión: ME HABÍA TOCADO OTRO PUESTO DE MIERDA!!!!!!. Tal ha sido mi gozo, que desde entonces llevo unas semanas con tic en el ojo que no se me quita, para así recordar a cada instante a mi querida Administración.