Matarratas

11 Junio, 2008

Tras el percance que me ha obligado a cambiar de plantilla, vuelvo a la carga. Pues bien, llega el calor y lo propio es encender el aire aicondicionado. Este hecho tan simple no está exento de repercusiones en el variopinto cosmos administrativo, pues en mi caso, el aire frío viene acompañado de saludable matarratas.

Ha sido el ordenanza quien me ha advertido que no abuse del aire, aunque un extraño olor ya me advertía que algo no iba bien. El caso es que no tenemos un aparato al uso, si no una especie de zócalo hueco de elegante madera, hoy en día muy usada para hacer palés, que está integrado con la pared (esto era lo más en decoración, allá por los 70s). Como no podía ser menos, las ratas, famosas por su exquisito gusto, supieron apreciar el invento y empezaron a frecuentarlo, lo que a su vez llevó a unos desalmados a echar matarratas generosamente en el interior del extraño aparato. Por razón de un insondable misterio, el matarratas se ha incrustado bien en la máquina y esto nos lleva a la agradable situación actual.

Dicen que Rasputín tomaba pequeñas dosis diarias de veneno para hacerse inmune, así que a este paso voy a acabar siendo inmortal, o muerto. Por cierto, un efusivo saludo para todos los que tengan algo que ver con lo de la prevención de riesgos laborales.