Esta es la primera vivencia en el nuevo puesto de trabajo. Hay que aclarar que ahora estoy ubicado en el último edificio de la ciudad, tras éste sólo hay carretera y campo, lo que dio pie a una situación extraña.
Era mi tercer día, estaba enfrascado con el PC, cuando oigo un ruido, miro y ¡coño! un conejo paseando por la oficina como si tal cosa. Por un momento me sentí como Alicia en el País de las Maravillas. Se lo comento a mi compañero, hombre de avanzada edad, serio y parco en palabras, quien, sin decirme nada, me mira con la cara con la que se mira al que abusa de las drogas y alcohol, pues el conejo salió hacia el pasillo en vista de que nadie le atendía y no pudo verlo. Finalmente, entró en el despacho de en frente donde todo el mundo pudo contemplarlo y mi cordura dejó de estar en entredicho.
Por cierto, ¡no acabó en la olla!, malpensados, se le dejó libre para que vuelva las veces que quiera a resolver sus gestiones.

Publicado por jarto
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